martes, 12 de mayo de 2009

LA VIDA EN PALABRAS.

EL ARTE DE MATAR.

-¿Te vienes a la filmoteca, que ponen un ciclo de Fritz Lang?-dijo Ángel para intentar cambiar de tema.
-No, si quiero ver algo que dé miedo me sobra con el telediario-y María se fue.
-A mí tampoco me gusta demasiado el cine de terror. Pero es que en comparación con los personajes de esas películas cualquiera parece buena persona, además me sirven de inspiración-se dijo a sí mismo.


Jessica González se llamaba en la vida real, Donna Samgre en la otra vida. De profesión actriz, o al menos aspira a ello. Edad indefinida porque como una vez oyó a Bette Davis:”Un actor tiene la edad que aparenta”. Y poco más de ella sabía Javier Schluz. Se conocieron en un estreno, él iba como amigo del director y ella con la intención de dejarse ver. Había sido modelo, pero su actual currículo no iba más allá de algún pequeño papel en alguna serie de moda.
Javier durante los años de La Movida había experimentado con todo, llevaba a gala ser el más moderno y eso le bastaba para ir tirando. Con sus dos primeras películas triunfo. Después, ser el mas moderno ya no estaba de moda y la nube de acólitos que otrora lo idolatraron, estaban muertos o reciclados en yupiies. Por tanto, su tercera película fue un fracaso de crítica y público. Esto le llevó a una crisis existencial y de inspiración que se solucionó al ver una noticia en el periódico. Había poco datos y éstos eran confusos, pero a grandes rasgos, hablaban de un asesino en serie con una extraña forma de de matar: lo hacía recreando escenas clásicas del cine negro y de terror. La policía no encontraba pistas, nadie sabía nada del asesino, cuáles eran sus motivaciones para matar, por qué de aquella forma, si conocía a las victimas…Ante tantas preguntas sin respuesta, Javier decidió inventárselas escribiendo un guión.
Para conseguir llevar a cabo su proyecto, cambió algunos elementos para que no se pareciera tanto a la historia real e hizo que le presentaran a Jessica, con fingida casualidad. Así ella, que quería ser actriz y que en esos momentos estaba saliendo con un importante productor, le pediría a su novio que produjese la película en la que ella tendría un importante papel.
Esa noche le entregó el guión para que lo leyese con calma y después le dijera qué le parecía. Jessica lo empezó a leer cuando llegó a casa y ya no puedo parar, el deseo por conocer el final o por saber qué pasaría en la siguiente escena era más poderoso que el cansancio o el miedo. Estaba sola y más de una vez tuvo que mirar alrededor de la habitación porque sentía una extraña presencia que la observaba.
El sonido del teléfono interrumpió el final de la lectura, era Javier para preguntarle si le había gustado y si haría la película. Ella le dijo que no sabía si estaba preparada para hacer un papel tan complicado, pero que si él confiaba en ella se pondría en sus manos. Jessica le contó todo lo sucedido a su novia y le pidió que produjera la película. Él, que era incapaz de negarle nada, aceptó. Y días después todos los periódicos recogían la noticia de que se empezaría a rodar próximamente “M”, protagonizada por Donna Samgre y dirigida por Javier Schluz, tras cinco años sin hacer cine.
El rodaje tuvo una gran expectación, sobretodo, por los actores y, en especial, por Donna. Javier, aunque lo supiera desde el principio, se desesperaba ante la falta de talento de la actriz. Y tenían que repetir cada escena decenas de veces para dar con un buena.
Y pasa el tiempo y llega el último día de rodaje. Para crear un ambiente más íntimo y que Jessica se encuentre más cómoda, en la última escena sólo habrá tres personas, el director, Jessica y el que hace de asesino (un personaje que no aparece hasta el final de la película como Laura Hunt, en Laura de Otto Preminger o el coronel de Apocalyse Now). El rodaje se retrasa porque el acroe que iba a interpretar al asesino no aparece y Javier tiene que llamar a producción para que manden a otro. El sustituto se llama Ángel, que les llega como caído del cielo. Mientras Jessica se prepara, Javier le enseña al nuevo actor el plató donde ha rodado la película, los exteriores que han tenido que construir y algunas escenas aún sin montar.
-Te admiro desde hace mucho y cuando supe que ibas a rodar de nuevo me moría de ganas por trabajara contigo, para mí es un sueño-dice el chico, emocionado-. Además me gusta mucho lo que lleváis hecho, espero no estropearlo con mi actuación.
-Tranquilo, que no creo que seas pero actor que Jessica.
-¿De verdad Donna te parece mala actriz? ¿Entonces por qué la has contratado?
-Yo quería hacer una película y no tenía pasta, ella quería ser actriz y no tenía película pero sí un novio productor. Ata tú los hilos. Más o menos todo ha ido bien, ensayando mucho, repitiendo y al final no está mal. Lo que me da miedo es esta escena final, no creo que la pueda hacer, que sea capaz de condensar el miedo al asesino.
Después Javier le enseña a Ángel su despacho. Está todo cubierto de libros de psicología y en un corcho sobre la pared un montón de noticias sobre el caso real en el que se ha inspirado inicialmente.
Ángel mira todos los recortes detalladamente y finalmente dice: “Veo que me admiras mucho”. Javier le dice que se deje de bromas, que no le hace ninguna gracia y que como siga así es mejor que se vaya. El actor le contesta que realmente es el asesino, que se enteró por la prensa que estaba haciendo una película sobre él , que al principio no le gustó mucho, pero que ahora le parece que el resultado es bueno y que además tiene la solución para su escena final. “Yo amo el cine, es mi vida. Desde niño siempre esperaba con ansias los domingos para ir al cine, pero siempre salía decepcionado. Pretende ser un reflejo de la realidad pero rara vez lo consigue. Yo reconozco que el trabajo de actor es duro. Pero la mayoría no consiguen hacer llegar al espectador sentimientos. Es todo puro artificio. Y las escenas de muertes son lo peor, no puedo con las escenas de muertes. Porque en una escena de amor o de dolor, el actor puede echar mano de las experiencias vividas, de cierto bagaje que todos llevamos. Pero una escena sobre una muerte es todo intuición, nadie sabe los que se siente cuando mueres o te matan. Por eso todas las escenas de muerte de la historia del cine son basura, y yo las reinterpreto mejoradas. Tú tranquilo, Javier, que no voy a dejar que Donna arruine nuestro proyecto. Se me ha ocurrido un plan. Hasta a ella puede que le parezca bien, quién te dice a ti que Donna no es capaz de sacrificarse por el arte. Te recuerdo, Javier, por si no lo sabes, que en la antigua Grecia había incierto género de teatro en que los actores eran lo que representaban y si tu personaje tenía que morir, siempre que lo justificase el guión, te morías de verdad. Esa es mi filosofía de vida, no te digo yo que no esté equivocada, que puede ser. En cuanto a lo demás: soy inocente, tan inocente como un bebé.

Francisco J. Rodríguez, 2º Bachilletaro.
(Profesora: Raquel Gijón Duque)

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