martes, 10 de marzo de 2009

RACISMO o El mercado del odio


Estamos entrando en una etapa oscura en la que la situación económica arrastrará a otros aspectos humanos.
Habrá quién se aproveche de la situación de necesidad, incertidumbre, miedo y desesperanza de mucha gente, para obtener de ello algún beneficio, no sólo económico, sino también político, social, religioso, o de todas a la vez.
Esta situación se acentuará más en aquellos lugares en los que la crisis castigue más a los grupos humanos con paro, precariedad, hambre, etc.
Las personas nos volvemos psicológicamente más vulnerables en estas situaciones y eso nos puede hacer más influenciables; es decir se nos pueden “comer el coco” con más facilidad. Y eso lo saben los captadores de ideologías y confesiones extremistas deseosos de nuevos adeptos para engrosar sus filas.
Hay muchos ejemplos destacables en la historia y en la geografía humana a este respecto.
Como ejemplo podríamos reparar en el avance del Fundamentalismo religioso, o también las innumerables guerras tribales del África negra, sin olvidar del éxito de las dictaduras ideológicas del pasado siglo XX tanto “fascistas” como de otras no racistas, entre una lista de hechos actuales y pasados que sería interminable añadir.
Pero debemos estar alerta y saber apartar esas ideas radicales y fundamentalistas que lo único que venden es odio y conflictos que crean aun más odio y de esta manera se retroalimentan. De esta situación sólo se benefician “los señores de la guerra” y la industria armamentística que es actualmente uno de los mayores negocios.
Debemos preguntarnos, por tanto, qué debemos esperar y sobre todo qué debemos hacer o cómo debemos actuar.
En Europa y sobre todo en España tenemos un problema destacable que es el PARO, problema que va en aumento y que sin duda trae y traerá tensiones sociales debido a la incertidumbre, al miedo y a la desesperanza de no poder ganarnos la vida, al menos de una manera digna.
Se empiezan a oír, cada vez más, voces en contra de todos aquellos que, supuestamente, nos quitan el trabajo y que, supuestamente, no son otros que aquellos que tienen otro color de piel u otra religión. Pues bien, sólo una persona con mucho miedo, desesperada o necia puede creer que esto pueda ser verdad.


Por el contrario una persona inteligente, valiente, respetuosa, sin prejuicios puede ver en estos colectivos una oportunidad de enriquecimiento tanto personal como social y no sólo económico.
Es cierto que la convivencia de razas y culturas produce problemas, pero debemos poner estos problemas al nivel que se merecen y no ponerlos en el centro de la polémica o del debate, sino más bien como un efecto colateral ineludible de toda convivencia humana.
Los conflictos humanos hay que tratarlos con humanidad, debemos ser dignos de tantos millones de años de evolución: debemos utilizar más la palabra y el argumento y evitar en lo posible el fusil o la cárcel y por supuesto eliminar el Apartheid, el genocidio y el Holocausto de la Humanidad.
Véase Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Profesor de Tecnología

Manuel Montes

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